Thank You, Doctor! reúne a referentes internacionales para reflexionar sobre el futuro de la medicina, el papel de la atención primaria y la necesidad de cuidar a quienes cuidan
Ciudad de México. — La medicina del futuro no puede construirse únicamente sobre tecnología, inteligencia artificial y nuevos avances científicos. Necesita, ante todo, preservar aquello que constituye su esencia: la relación humana entre el médico y el paciente.
Esta fue una de las principales conclusiones de la mesa redonda “Atención Comunitaria: La conexión humana en el corazón de la medicina – Thank You Doctor!”, celebrada en el marco del XII Congreso Nacional y VI Internacional de Investigación en Ciencias de la Salud (CoCiSA) de la Universidad Anáhuac México.
El XII Congreso Nacional y VI Internacional de Investigación en Ciencias de la Salud (CoCiSA) estuvo dirigido por el Dr. Juan Antonio Ibarra y la Dra. María Dolores Correa, y coordinado por el Dr. José Israel Pedroza, cuyo trabajo contribuyó a hacer posible este espacio de encuentro académico e internacional. Bajo el tema “Investigación de la Gestión y Gestión de la Investigación en Salud”, el Congreso reunió a investigadores, profesionales sanitarios y referentes internacionales para promover el diálogo, la colaboración y la reflexión sobre los grandes desafíos que enfrenta la salud contemporánea.
El encuentro reunió al Dr. Ramón Tallaj, fundador de SOMOS Community Care e impulsor de la campaña internacional Thank You, Doctor!; al Dr. Mario J. Paredes, CEO de SOMOS Community Care; a Elena Herrero y al Dr. Franco Mascayano, investigador vinculado a la Fundación VIAHR (Vacation Is A Human Right), en una conversación centrada en la humanización de la asistencia sanitaria, la atención comunitaria, la prevención del burnout y los desafíos que afrontan los profesionales de la salud.
La mesa puso sobre la mesa una pregunta esencial: ¿cómo avanzar científicamente sin perder la dimensión humana de la medicina?
El médico de familia, en el corazón del sistema
Durante su intervención, el Dr. Ramón Tallaj destacó el papel estratégico de la atención primaria y del médico de familia como primer punto de contacto entre las personas y el sistema sanitario.
En un contexto marcado por el envejecimiento de la población, el aumento de las enfermedades crónicas, la escasez de profesionales y una demanda asistencial creciente, Tallaj defendió la necesidad de reforzar el primer nivel asistencial.
“La atención primaria” —señaló— no debe entenderse como el escalón inferior del sistema, sino como el espacio donde se determina buena parte de su funcionamiento global.
Para Tallaj, cuando la atención primaria funciona adecuadamente, todo el sistema sanitario se organiza mejor. Pero cuando se debilita, aumentan la fragmentación, la presión asistencial y la utilización de recursos.
En este modelo, la confianza adquiere un valor fundamental. La relación continuada entre médico y paciente permite conocer no solamente la historia clínica, sino también la realidad familiar, social y personal de cada persona.
Y esa confianza, recordó, no es únicamente un valor humano: también favorece la prevención, la adherencia a los tratamientos, el diagnóstico precoz y la toma de decisiones compartidas.
SOMOS Community Care: de atender enfermedades a construir salud
El Dr. Mario J. Paredes trasladó al debate la experiencia de SOMOS Community Care, organización de la que es CEO y que trabaja con una amplia red de proveedores de atención sanitaria en comunidades de Nueva York.
Su intervención puso el foco en la necesidad de comprender la salud desde una perspectiva comunitaria.
SOMOS ha desarrollado un modelo que integra atención primaria, especialistas, salud mental, servicios sociales y recursos comunitarios, con especial atención a poblaciones que afrontan barreras lingüísticas, culturales, económicas y sociales.
La idea central es sencilla: el paciente no debería sentirse perdido dentro del sistema sanitario.
La salud, recordó Paredes, no se construye exclusivamente dentro de un hospital. También se construye en los barrios, en las familias, en las escuelas y en los lugares de trabajo.
Factores como la vivienda, la alimentación, la educación, el aislamiento social, la salud mental o las condiciones económicas tienen una influencia directa sobre el bienestar y los resultados de salud.
La experiencia de SOMOS representa, así, una apuesta por una atención más integrada y cercana, en la que el médico de familia recupera su papel como coordinador de un cuidado longitudinal y conectado con la comunidad.
La propia organización define su misión alrededor de la equidad sanitaria para las comunidades más desatendidas de Nueva York y de un modelo de atención comunitaria y culturalmente relevante.
El progreso tecnológico no puede sustituir la relación humana
Otro de los grandes temas de la mesa fue el impacto que tendrá la inteligencia artificial sobre la medicina.
Los participantes coincidieron en que la tecnología ofrece enormes posibilidades para mejorar el diagnóstico, analizar información, facilitar decisiones clínicas y optimizar procesos.
Pero también plantearon un límite que no debería perderse de vista: la tecnología debe ayudarnos a recuperar tiempo para las personas, no a alejarnos de ellas.
La inteligencia artificial puede procesar información, pero no puede sustituir la confianza construida durante años entre un médico y un paciente. Tampoco puede reemplazar la escucha empática, la comprensión del sufrimiento o la capacidad de acompañar a una persona en un momento de incertidumbre.
Esta reflexión conecta directamente con el espíritu de Thank You, Doctor!, una campaña internacional que reivindica el valor de la relación médico-paciente y el papel insustituible de quienes ejercen la medicina desde la vocación de servicio.
Cuidar a quienes cuidan: el desafío del burnout
La intervención del Dr. Franco Mascayano amplió la conversación hacia una dimensión inseparable de la humanización de la salud: la salud mental de los propios profesionales sanitarios.
Investigador de la Fundación VIAHR, Mascayano presentó los principales desafíos identificados en la investigación sobre salud mental del personal de salud y puso especial énfasis en una idea: el burnout no puede abordarse únicamente como un problema individual.
Entre los grandes desafíos señaló la sobrecarga y las condiciones de trabajo, la violencia y el maltrato, el daño moral y la pérdida de sentido, la brecha de atención y la cultura del silencio, así como las desigualdades existentes dentro de los propios equipos sanitarios.
Mascayano subrayó especialmente el concepto de daño moral, que aparece cuando los profesionales se ven obligados a actuar en contra de sus propios valores por falta de tiempo, recursos o condiciones adecuadas para realizar su trabajo.
Su mensaje fue claro: no basta con pedir a los profesionales que sean más resilientes.
Si una persona continúa trabajando en un entorno inadecuado, sometida a una carga excesiva y sin los apoyos necesarios, las intervenciones individuales difícilmente podrán producir cambios sostenibles.
Por ello, la evidencia apunta hacia la necesidad de actuar también sobre las organizaciones: revisar las cargas de trabajo, los horarios, la comunicación, el liderazgo, las dinámicas de los equipos y las condiciones estructurales en las que se desarrolla la actividad sanitaria.
De la cultura del silencio a una cultura del cuidado
Uno de los aspectos destacados por Mascayano fue la denominada cultura del silencio que todavía existe alrededor de la salud mental en muchos entornos profesionales.
El temor a las consecuencias laborales y al estigma puede llevar a muchas personas a ocultar que atraviesan dificultades de salud mental, incluso cuando necesitan apoyo.
Frente a esta realidad, el investigador defendió la necesidad de crear entornos donde hablar de salud mental no sea percibido como una debilidad, sino como parte de una verdadera cultura del cuidado.
La capacitación de los equipos, comenzando por líderes y responsables institucionales, los ajustes razonables en el trabajo y los programas de empleo con apoyo aparecen entre las estrategias que pueden contribuir a transformar estos entornos.
Pero Mascayano insistió también en la importancia de la investigación.
No basta con implementar programas: es necesario medirlos, evaluarlos y generar evidencia que permita saber qué funciona, para quién, en qué circunstancias y con qué efectos a largo plazo.
Una misma visión: una medicina más humana
Las intervenciones de Tallaj, Paredes y Mascayano convergieron en un mismo punto: la medicina necesita recuperar y proteger la conexión humana.
Desde perspectivas diferentes —la atención primaria, el modelo comunitario, la investigación en salud mental y la prevención del burnout—, los participantes plantearon que no puede existir una medicina verdaderamente avanzada si quienes la reciben se sienten desconectados del sistema y quienes la ejercen se encuentran agotados, desatendidos o sin las condiciones necesarias para cuidar.
La humanización de la salud, por tanto, no puede reducirse a una cuestión de trato personal.
También implica diseñar mejores sistemas, fortalecer la atención primaria, integrar los determinantes sociales de la salud, proteger la salud mental de los profesionales y utilizar la tecnología como una herramienta al servicio de las personas.
En palabras del Dr. Ramón Tallaj, el gran reto del futuro será combinar conocimiento científico, innovación y tecnología con aquello que ninguna máquina puede sustituir: la confianza entre un médico y su paciente.
Y esa es, precisamente, una de las razones de ser de Thank You, Doctor!: reconocer a quienes cada día sostienen esa relación y recordar que, detrás de cada diagnóstico, cada tratamiento y cada avance científico, siempre existe una persona.
Thank You, Doctor!
La mesa “Atención Comunitaria: La conexión humana en el corazón de la medicina – Thank You Doctor!” reafirmó así una convicción que atraviesa la misión de la campaña: el futuro de la medicina no será verdaderamente innovador si no es también más humano.
Porque cuidar la salud significa también cuidar a las personas que cuidan.
Y agradecer a los médicos no es solamente reconocer su conocimiento y su esfuerzo.
Es reconocer la dimensión profundamente humana de su trabajo.
